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Tribuna de Jon Mikel Zabala-Iturriagagoitia, profesor de Deusto Business School
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Tribuna de Jon Mikel Zabala-Iturriagagoitia, profesor de Deusto Business School

Miércoles, 29 Noviembre 2017
Tribuna de Jon Mikel Zabala-Iturriagagoitia, profesor de Deusto Business School

Reflexiones en la tribuna

 

Jon Mikel Zabala-Iturriagagoitia. Profesor de Deusto Business School, escribió la tribuna del último número del periódico de Alumni DBA. Bajo el título: Las bicicletas son para el verano: las reflexiones también.


El final, del verano, llegó, y tú partirás… así daba comienzo allá por 1963 la ya mítica canción del Duo Dinámico. Una de las noches de las pasadas vacaciones de verano vi un reportaje en RTVE2, titulado “panoramas futuros”. Uno de los argumentos consistía en la cada vez línea más delgada que separa a la información del conocimiento, como resultado de la difusión de Internet, y la facilidad que dicha red está dando al intercambio inmediato de información. Como consecuencia, se planteaba si en el futuro, en vez de tener que experimentar algo para poder adquirir un cierto conocimiento, sería suficiente con que nos “descargáramos” cierta información directamente a nuestro cerebro (p.e. un videotutorial). Algo equivalente a la trilogía “The Matrix”.


En el reportaje se mostraban los resultados que se están llevando a cabo en varios laboratorios científicos vinculados con los programas The Brain Initiative y Human Brain Project. Las evidencias que se exponían mostraban cómo cuando los ratones “ven” nueva información (i.e. se les estimulaba el hipotálamo con unas señales equivalentes a lo que serían para nosotros los humanos vídeos con imagen y sonido) éstos adquieren un aprendizaje a largo plazo. A pesar de que esta tecnología no esté aún disponible para su experimentación en humanos, empresas como Kernel o Neuralink están tratando de descifrar y modelizar digitalmente los mecanismos del cerebro humano con la finalidad última de poder conectarse directamente al mismo sin necesidad de ojos, oídos, tacto, etc... De esta manera, el futuro del contenido (texto, imágenes video) no estará en una “pantalla” (i.e. libros, pizarras, tablets, ordenadores, móviles, etc.), sino que estará directamente en nuestros cerebros.


Este interés en desentrañar los fundamentos de nuestro cerebro responde a uno de los problemas que plantea la velocidad a la que se genera información en el mundo actual: el tiempo. Y es que el uso que hacemos del tiempo del que disponemos mientras vivimos es probablemente el mayor regalo que se nos ha hecho como especie. Ya lo decía John Lennon, “Time you enjoy wasting, is not wasted time”.


Tras lo anterior, me planteaba, ¿qué papel jugamos las Universidades en este contexto? La función de la Universidad como institución docente es fundamentalmente la de fomentar el aprendizaje del alumnado a través de la transmisión de conocimiento. Para ello se les plantean a los alumnos problemas reales a los cuales deben dar solución, para lo cual deben ser capaces de interpretar las múltiples soluciones potenciales, el rigor de cada solución, su viabilidad, etc. Los alumnos son también dotados con experiencias que promuevan su pensamiento lateral y crítico, a saber, experiencias que les obliguen y les enseñen a pensar. Pero si en el futuro todo este aprendizaje se produce de manera automática, ¿podrán las Universidades seguir desempeñando su tradicional función docente? Y si es así, ¿qué características deberá necesariamente tener el proceso de reinvención de la Universidad post-moderna?


Se trata de una pregunta compleja, con muchas aristas y que requiere de una profunda reflexión y redefinición de qué somos y qué queremos ser. Desde mi punto de vista sin embargo, sí que hay al menos cuatro condicionantes que deberían ser abordados:


- No es lo mismo interactuar con una persona que hacerlo con un sistema binario: una de las principales carencias de las nuevas generaciones es la de saber LEER, HABLAR y ESCRIBIR. Ya estamos en un contexto en el que cualquier persona puede convertirse en un docente. Si en el futuro queremos ser competitivos como sociedad, debemos garantizar en primer lugar que nuestros estudiantes sean capaces de generar nuevos contenidos que sean demandados por otros, es decir, que sean capaces de ir más allá del estado del arte existente. Esto es algo tremendamente importante. Y en segundo lugar, debemos ser capaces de garantizar que los alumnos sean capaces de compartir su conocimiento de forma clara, sintética y precisa, pero sobre todo con rigor.


- Capacidad de adaptación: la sociedad actual está cambiando a un ritmo impensable y todos los indicios apuntan a que esta velocidad no va a ir sino creciendo. No sabemos, ni sabremos, ex-ante cuáles van a ser las características del “mundo” (social, tecnológico, económico, político) en el que van a tener que vivir y construir los alumnos en el futuro. Lo que sí sabemos es que las reglas por las que se regirá el mundo en el que van a tener que vivir serán muy distintas a las actuales, y por lo tanto, es necesario que sepamos adaptarnos de manera continua y a vivir, convivir y sobrevivir en entornos de continua incertidumbre.


- Conocer los “qués” y los “porqués” más que los “cómos”: la complejidad de la tecnología está haciendo que resulte imprescindible trabajar en equipos multidisciplinares formados por personas tremendamente especializadas. Sin embargo, es inviable pensar que con la formación que se ofrece en las Universidades se pueda alcanzar un elevado nivel de especialización, ya que eso se alcanza como consecuencia del aprendizaje que se produce durante la vida laboral. No todos conocemos “cómo” se logra la emisión por televisión o “cómo” se produce la comunicación por paquetes en Internet. Sin embargo, todos conocemos cuáles son las funciones de estas dos tecnologías, y somos capaces de construir sobre ellas.


- Multiplicidad de perfiles docentes: el futuro requiere de altas dosis de especialización y de multidisciplinariedad, dos fuerzas a priori antagónicas. Naturalmente, los docentes no podemos saber “de todo”, a pesar de que muchos de los temas sobre los que formamos estén vinculados con otras muchas áreas (p.e. tecnología, salud, ética, sostenibilidad medioambiental, sociología). Deberíamos estar más abiertos a la incorporación de otros perfiles a nuestros programas (p.e. médicos, filósofos), que tal vez no sean docentes, pero sí son conocedores de estas otras áreas vinculadas a las que no podríamos tener acceso de otra manera. Algo equivalente a los cameos de los actores en ciertas series.


Ya lo cantaba Freddie Mercury “the show must go on”. El debate está servido. De la calidad del mismo dependerá el futuro de nuestra educación.
 

Referida por: Deusto Business Alumni
Fuente: Deusto Business Alumni